dioses-e-inconscientes:

Nada duele más que saber que hay una ventana abierta
en una habitación
de la que no tienes la llave.

Elvira Sastre

veroluviano:

Pero recuérdalo,
una vez al día
te cambiaría por toda la poesía.

Tengo, del mismo modo,
que confesarte de una manera dulce
que te he olvidado,
que tus fotos son una caricia del pasado
pero en mi mañana ya no te miro,
que he aprendido que recordarte
no es más que un beso a mi herida
para que no se sienta tan sola
como yo cuando me la hiciste,
que aquí hace tiempo que ya es primavera
aunque haya días de tormentas torrenciales
pero mírame: he aprendido a bailar
-quién lo diría, amor,
con esta vida que llevo tan llena de tropiezos-.
No sé dónde estás
pero sé que en el lugar que sea
estarás orgullosa de mí por olvidarte.
Te he olvidado,
amor roto.
Pero no tengas miedo a que nadie te recuerde:
la poesía jamás te olvidará.”
Elvira Sastre (via veroluviano)
Recuérdalo, fue como su el techo de tu habitación se llenara de pronto de nubes y tú y yo, ahí abajo, volando, tan ausentes a todo lo que no fueran nuestras alas. Acuérdate de cómo el mundo, por fin, se convertía en una mentira y nosotros éramos la única verdad. De cómo nos besábamos, como si tuviéramos toda la vida para hacerlo, como si supiéramos con total certeza que el último beso sería como el final de las canciones y no llegaría jamás, como si besándonos consiguiéramos quedarnos allí, juntos. Acuérdate de cómo vencimos al sol bailándonos, estallando todas las letras del abecedario, las ocho notas de la escala, de cómo entre gemido y gemido, te llené la lengua de palabras en el viento, de cómo entre gemido y gemido me llenaste el vientre de canciones bajo la lluvia. Acuérdate, recuérdalo, lo difícil no es olvidarte, es querer hacerlo. Lo fácil no es recordarte, escribirte, imaginarte, soñarte. Lo fácil son estas ganas de querer volver a tenerte. Por eso tienes que acordarte, y recordarlo, y no olvidarlo, y pensar que una noche fuimos tan libres que se nos quedaron los labios salados y los ojos empañados como si lloviera hacia arriba y se nos despeinara el pelo y cerráramos el paraguas para ahogarnos -no habrá mejor tormenta que la que sucedió en mis ojos cuando te besé por primera vez-. Como si querernos fuera como nada en el océano: algo tan inmenso como imposible. Por eso, acuérdate, recuérdalo. Porque recordarnos es lo único que podemos hacernos.”
Elvira Sastre (via veroluviano)

Caminas descalza
como si supieras de qué está hecho el mundo
y quisieras darle forma con la curva de tus pies,
bailándolo a tu antojo
como bailas mis días,
haciendo que al resto
se nos claven tus huellas
en lo que nos queda de ojos
después de mirarte,
y no podamos sino seguirte.

A veces sonríes,
y el mundo se abre con tu boca,
como cuando bostezas
y tiras por la borda
cualquier amago de abandonarte,
porque la paz está ahí,
entre tus dientes,
cuando me muerdes el corazón
y te lo tragas,
y yo respiro.

Me miras
noventa y nueve veces al día
como si yo fuera lo único que se interpusiera
entre la realidad y tus ojos,
me conviertes en tu filtro
y dices que a través de mí
el mundo se ve más bonito,
y son cien las veces que yo te miro de vuelta
preguntándome
qué diablos será eso que te convierte en cielo
y despeja mis tormentas,
que te hace sujetarme
cuando decido precipitarme
o dejarme la garganta
en mil silencios,
qué esconde mi boca
para que mientras me besas
solo pienses en el siguiente beso,
qué verás
en mi pelo alborotado al despertar
para que quieras acariciármelo así,
como si estuviera herido
y tú supieras exactamente
qué hacer
para salvarlo,

-preguntándome
qué diablos
tendré
para.
ser
lo
único
que
ves
cuando
miras
al
mundo-.

Me masturbas el alma
a dos manos
-cómo no voy a creerme
que tus dedos
me esconden-,
me pones de espaldas
y te dejas
entera
dentro de mí
-así pasa ahora,
que te llevo a todas partes-,
te vuelves
algo así como un animal salvaje
pero tierno,
con esa lascivia
que dibuja tu boca
cuando tienes hambre,
te vuelves gigante
y me nombras,
y yo te digo
al oído
que voy a correrme contigo
hasta llegar al fin del mundo,
si es que eso existe
después de ti
-tú,
que lo único que tienes de final
es todo lo bonito
que viene después-,
y entonces
caigo rendida,
vencedora,
libre,
con el alma aun entre tus dedos,
desnuda,
palpitante,
viva,
en calma,
frágil,
repleta,
satisfecha,
completa,
sobre tu pecho,
y es entonces cuando entiendo
lo de soñar sin dormir.

Y me creo lluvia
y te duermo a besos.

Quién me iba a decir a mí
que ibas a llegar a mi corazón
entrando por la boca.

Conviertes las mil maneras
que existen de huir
en mil maneras de quedarse,
contigo.
Y dormir a tu lado
se convierte,
entonces,
en poesía.
“.-Elvira Sastre-.”

(via pycc)

hachedesilencio:

Elvira Sastre

Te quise poco y mal. Me enamoré de noche; ya era tarde y nadie lo vio. Tampoco tú. Te abandoné en una guerra que no quise vencer, aunque yo pegara el primer disparo. Me escondí en otras manos, dejé que otros cielos me llovieran y nunca fui a buscarte a ese aeropuerto en el que descansaban tus alas cada vez que no te cogía el teléfono. Y te cansaste, como se cansan las flores en invierno. Y te apagaste, como se apaga todo cuando cierras los ojos. Te fuiste y contigo cambió el calendario: las semanas se convirtieron en números sin ti, los días se volvieron ceniceros llenos de rutina, las noches ya solo eran eso, noches. Tu silencio se convirtió en mi ruido, comencé a dormir por las tardes -tengo el sueño confundido desde que no lo besas-, me acosté con el insomnio -soñarte no te hace justicia-. Huí de ti como si eso significara huir de mí. Perdóname, es este pavor que le tengo a mis monstruos. Discúlpame, creo que el problema es que no sé luchar contra ellos con una sola mano, así que tuve que soltar la tuya para que me volvieran a derrotar, pero esta vez sin excusas. Ahora me queda un plato vacío sobre la mesa, una cama tan bien hecha que da miedo, unas bragas de encaje con la etiqueta puesta al fondo del cajón, un teléfono que se apaga antes de llegar a la última cifra de tu número, una habitación llena de besos que se acaban, unas manos que se secan cada vez que llueve y no vuelves, un puñado de mensajes en la carpeta de borradores y varios poemas que no quiero terminar para que no te acabes tú con ellos. Te echo tantísimo de menos. Pero es precioso llorarte, lo juro.”
Día uno sin ti: el tiempo va tan lento que en mi reloj aún es ayer - Elvira Sastre (via choco-crispy)

theafflictedraven:

43 Maneras de soltarse el pelo - Elvira Sastre

Solía ser una persona buena, lo sigo siendo, pero no con todo el mundo…

versosdeunasuicida:

-Versos de una suicida -Valeria Monagas

—Disculpe, su currículum está vacío. —Quiero que seas tú quien escriba las primeras lineas de nuestra historia. —Precioso, el puesto es suyo
Peor que no saber leer, es saber leer y no hacerlo constantemente.